El gobierno de Milei, contra las cuerdas: desesperado pedido a las cerealeras para que liquiden dólares

Pablo Quirno, secretario de Finanzas, llamó a las empresas cerealeras para rogarles que liquiden divisas y sostener un modelo económico que se desmorona. Con un dólar atrasado y retenciones del 25%, el sector se resiste y el fantasma de la devaluación se agiganta.

El equipo económico de Javier Milei busca a cualquier costo dólares para evitar una crisis cambiaria. El secretario de Finanzas, Pablo Quirno, intentó persuadir a las cerealeras, pero el campo liquida solo lo mínimo y el superávit que el Gobierno exhibe con orgullo está en la cuerda floja. Mientras tanto, el Banco Nación es obligado a sostener la emisión de deuda en pesos y Caputo negocia en las sombras con el FMI para contener la inevitable devaluación.

El relato del «ajuste exitoso» y el «superávit fiscal» con el que el gobierno de Javier Milei intenta maquillar la realidad se encuentra al borde del colapso. La falta de dólares se convierte en un problema cada vez más urgente y desnuda las inconsistencias de una política económica que se sostiene con alfileres. En este contexto, el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, tomó el teléfono y, con tono de urgencia, llamó a los gerentes de las principales empresas cerealeras del país para pedirles, casi rogarles, que liquiden divisas de la cosecha.

El motivo de la desesperación es claro: el superávit financiero, el caballito de batalla con el que el oficialismo intenta vender una falsa estabilidad, pende de un hilo ante la escasez de reservas. Sin dólares en el Banco Central, el gobierno enfrenta serias dificultades para sostener el tipo de cambio y evitar una corrida. A pesar de la presión oficial, las cerealeras accedieron a liquidar apenas 200 millones de dólares, una cifra que apenas sirve para estirar la agonía. De ese monto, 150 millones se liquidaron el viernes pasado y los 50 restantes ingresarían en los próximos días. Una gota en el océano para una economía que necesita desesperadamente un flujo constante de divisas.

El problema de fondo radica en la desconfianza del sector agropecuario hacia la política cambiaria del Gobierno. Con un dólar atrasado y retenciones del 25%, los productores no ven incentivos para liquidar sus exportaciones. La expectativa de una inevitable devaluación los lleva a retener los granos y esperar un escenario más favorable. De esta manera, el plan de Caputo y Milei se enfrenta a una barrera infranqueable: sin confianza, no hay dólares; sin dólares, no hay estabilidad.

En el Gobierno esperan con ansias el inicio de la liquidación de la cosecha gruesa el próximo 15 de abril. Sin embargo, en el sector agropecuario sostienen que la liquidación será mínima, suficiente solo para operar y mantener el funcionamiento básico de las empresas. La lectura del campo es clara: el modelo económico de Milei no es sostenible y la devaluación es solo cuestión de tiempo.

El equipo económico, por su parte, juega una carta peligrosa. La falta de dólares para sostener el tipo de cambio llevó a Caputo a negociar en las sombras con el Fondo Monetario Internacional. El ministro de Economía reconoció ante senadores y diputados que pretende utilizar los fondos del próximo acuerdo con el FMI para intervenir en el mercado cambiario. Esta estrategia, que el propio organismo internacional rechaza, expone la debilidad del plan oficial y la incapacidad de generar confianza en el sector productivo.

Mientras tanto, el fracaso de Quirno en su intento de seducir a las cerealeras no es un hecho aislado. La semana pasada, el funcionario tuvo que enfrentar otro revés cuando intentó renovar una colosal deuda en pesos por 9,2 billones. El resultado fue desastroso: solo logró renovar 6,2 billones y tuvo que recurrir al Banco Nación para que absorbiera un 89% de las colocaciones. En otras palabras, el propio Estado se financia a sí mismo para maquillar el agujero fiscal y sostener una narrativa que se desmorona ante la realidad.

El gobierno de Milei sigue apelando a la retórica del ajuste y el equilibrio fiscal, pero los números comienzan a contar otra historia. El ingreso de dólares sigue siendo la principal preocupación del equipo económico y, sin una inyección de confianza en los mercados, el desenlace parece inevitable. La resistencia de las cerealeras a liquidar divisas es solo un síntoma de un problema más profundo: un modelo económico inviable que no logra ofrecer certezas ni incentivos a quienes generan riqueza en el país.

Con un Banco Central con reservas en caída libre, un mercado agropecuario que se planta ante la presión oficial y un FMI que observa con recelo las maniobras del Gobierno, el panorama se vuelve cada vez más sombrío. La fragilidad del plan económico de Milei se hace evidente y la pregunta ya no es si habrá una devaluación, sino cuándo ocurrirá y cuán profundo será su impacto.

La desesperación del Gobierno por conseguir dólares lo lleva a implorar a las cerealeras y a forzar al Banco Nación a sostener una deuda insostenible. Pero la paciencia de los mercados es finita, y la realidad económica se impone con crudeza. Los próximos meses serán clave para definir el destino de un modelo que, lejos de ofrecer soluciones, multiplica las incertidumbres y acelera su propio colapso.

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