Ajuste libertario: Dos importantes marcas de indumentaria femenina cerraron después de tres décadas de historia

Mientras el Gobierno de Javier Milei insiste en que la economía se «ordenará», la realidad golpea a la industria textil: Vitamina y Uma cerraron sus últimas tiendas tras meses de incertidumbre y remataron su mercadería en liquidación final. La crisis económica y el deterioro del mercado interno se cobran nuevas víctimas.

El telón ha caído para Vitamina y Uma, dos marcas emblemáticas de la moda femenina argentina que, tras más de tres décadas de historia, cerraron definitivamente sus últimos locales físicos. Lo que en otro momento habría sido una reestructuración comercial, hoy se convierte en un reflejo brutal de una economía que se desploma, arrastrando consigo a empresas históricas que alguna vez marcaron tendencia en el mercado local. El desenlace final se consumó el 27 de marzo de 2024 con el cierre del último punto de venta en Palermo Chico, pocos días después de la clausura de su tienda en el barrio de Caballito.

Las últimas semanas de operación de ambas marcas fueron una muestra desoladora de lo que queda de la industria textil argentina bajo el programa de ajuste de Javier Milei. Con descuentos del 70% y la advertencia de que no habría cambios ni devoluciones, la mercadería se remató en una suerte de liquidación forzada, donde las clientas adquirieron los últimos retazos de lo que alguna vez fueron marcas sinónimo de exclusividad y diseño de vanguardia.

Los mensajes de despedida en redes sociales no ocultaron la nostalgia, pero tampoco ofrecieron respuestas. Vitamina agradeció «tantos años compartiendo momentos y experiencias increíbles», mientras que Uma apeló a su «espíritu rockero y sofisticado» en un último adiós. Sin embargo, detrás de la emotividad de los posteos, lo que queda es un vacío comercial y la sombra de un mercado cada vez más reducido por la falta de consumo y la política de apertura indiscriminada a las importaciones que impulsa el Gobierno.

Vitamina y Uma, ambas bajo la gestión de VIU S.A., intentaron durante meses encontrar un comprador o redefinir su modelo de negocio a través de licencias, pero la crisis económica y la contracción del consumo impidieron cualquier solución viable. Lo que en 2023 parecía una reorientación empresarial, en 2024 se transformó en una agonía. Uno a uno, los locales en shoppings estratégicos como Unicenter, Galerías Pacífico y Alto Palermo cerraron sus puertas, dejando en claro que la caída no era temporal, sino definitiva.

Este fenómeno no es aislado. La política económica de Milei ha desatado una tormenta perfecta para la industria textil: caída del poder adquisitivo, desregulación del mercado y una apertura comercial que pone en desventaja a las marcas nacionales frente a las multinacionales con estructuras financieras más robustas. Bajo estas condiciones, empresas históricas como Vitamina y Uma no tienen margen para competir y terminan por desaparecer.

Los antecedentes de estas marcas son una radiografía de la inestabilidad crónica del sector. Vitamina, nacida en 1986, se convirtió en una referencia ineludible de la moda femenina de los ‘90 y principios de los 2000, hasta que entró en convocatoria de acreedores y fue adquirida por la familia Navilli en 2003. Uma, fundada en 2000, siguió una trayectoria similar hasta que en 2009 también pasó a manos del mismo grupo empresario. Con una red de tiendas propias en Argentina y presencia en Uruguay, Brasil y Chile, parecía que su futuro estaba asegurado. Sin embargo, el giro político y económico de los últimos meses selló su destino.

A pesar de que algunos productos, como los perfumes de Uma, podrían mantenerse bajo un esquema de licencias, el cierre de sus locales físicos es una pérdida tangible para el ecosistema comercial argentino. Lo que antes eran negocios con una identidad de diseño definida, ahora se desvanecen en la incertidumbre de un mercado cada vez más hostil para las marcas nacionales.

El Gobierno de Milei, que prometió «liberar» la economía, está logrando, en cambio, asfixiarla. El relato de la «reactivación» choca de frente con la realidad de cierres, despidos y una industria nacional en terapia intensiva. La historia de Vitamina y Uma es solo otro capítulo en el desmantelamiento del sector productivo, una consecuencia directa de políticas que priorizan el ajuste sobre el desarrollo. Y mientras el Presidente sigue hablando de «sangre, sudor y lágrimas», las marcas argentinas siguen cayendo, una tras otra, en un mercado donde ya no hay lugar para ellas.

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