Mientras el gobierno de Javier Milei se jacta de una supuesta estabilidad económica, la realidad de los depósitos bancarios y la manipulación del sistema financiero revelan un escenario explosivo. El editorial de Roberto Navarro desentrañó el entramado de inconsistencias y engaños en la política económica del gobierno libertario. Con un sistema bancario al borde del colapso, un Banco Central sin respaldo y un modelo Ponzi de circulación de dólares, el futuro financiero del país es una bomba de tiempo.
Desde que Javier Milei asumió la presidencia de Argentina, la promesa de una «libertad económica absoluta» se convirtió en un eufemismo para el desmantelamiento del Estado, la destrucción del aparato productivo y la entrega de la soberanía financiera al mercado. Sin embargo, más allá del ajuste brutal, los tarifazos y la recesión inducida, el verdadero problema que acecha a la economía es la fragilidad del sistema bancario y la falta de respaldo de los depósitos en dólares. Así lo expuso Roberto Navarro en su reciente editorial, donde reveló la estructura de engaño que sostiene la política monetaria del gobierno libertario.
La clave del problema radica en la acumulación y distribución de depósitos en dólares. Según Navarro, en octubre del año pasado, el sistema financiero argentino contaba con un pico de 34.626 millones de dólares en depósitos, en gran parte producto del blanqueo de capitales. De ese total, alrededor de 25.000 millones fueron dinero físico que ingresó a los bancos, fruto de los dólares que los argentinos atesoraban en sus casas y que, por necesidad o conveniencia, fueron depositados. Pero lo que parecía una señal de solidez pronto se reveló como un espejismo.
Apenas un mes después, en noviembre, comenzaron los retiros masivos: 2.000 millones de dólares salieron del sistema. En diciembre, se fueron otros 116 millones. Lo más alarmante es que, lejos de garantizar la seguridad de esos fondos, el gobierno de Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, permitieron un mecanismo financiero que recuerda peligrosamente a una estafa Ponzi.
El esquema descrito por Navarro es tan simple como preocupante: los bancos toman los depósitos de los ahorristas y los prestan a empresas que operan en dólares. Estas empresas venden esos dólares en el mercado cambiario, y el comprador final es el Banco Central, que a su vez los revende en el mercado financiero para sostener artificialmente el dólar MEP y el contado con liquidación. El problema es que el mismo dólar es contado varias veces dentro del sistema, generando una burbuja ficticia de liquidez. Como si alguien vendiera el mismo departamento diez veces, pero solo existiera una unidad. Mientras el circuito se mantenga, la ilusión de estabilidad se sostiene, pero cuando los ahorristas exijan su dinero al mismo tiempo, el castillo de naipes se derrumbará.
El problema es doble: por un lado, la gente cree que tiene sus dólares en el banco, pero en realidad están siendo utilizados en este mecanismo circular que, en términos concretos, implica que no existen en disponibilidad inmediata. Por otro lado, el Banco Central de Milei ha renunciado a su papel de prestamista de última instancia, es decir, no se hace responsable si un banco colapsa. En cualquier sistema financiero normal, el banco central interviene para garantizar los depósitos. En Argentina, bajo el esquema libertario, esa protección ha desaparecido.
El deterioro de los depósitos en dólares continúa acelerándose. En enero de este año, se retiraron otros 210 millones de dólares, y en febrero la cifra ascendió a 850 millones. Para marzo, hasta el 26 del mes, ya se habían perdido 848 millones adicionales, acumulando una fuga total de 5.917 millones desde el pico de octubre. Lo más grave es que, según Navarro, en los últimos días los bancos comenzaron a solicitar sumas inusualmente altas de efectivo: 70 millones de dólares, un comportamiento típico de crisis de confianza que recuerda los momentos previos a estallidos financieros anteriores en la Argentina.
Pero la pregunta es inevitable: ¿qué pasará cuando los bancos ya no puedan sostener el esquema y los ahorristas intenten retirar sus depósitos en masa? En un sistema donde los dólares han sido utilizados y revendidos una y otra vez, la única respuesta posible es el colapso.
Mientras tanto, Milei sigue en su cruzada ideológica, anunciando ajustes y promoviendo la desaparición del Estado, como si la economía real pudiera sostenerse solo con discursos de redes sociales. El problema es que la realidad es implacable: sin respaldo del Banco Central, sin confianza en los bancos y sin medidas que fortalezcan la seguridad de los ahorros de los ciudadanos, la Argentina se enfrenta a una tormenta perfecta. Cuando la burbuja explote, no habrá libertarios suficientes para tapar el desastre.
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