Santoro encabeza una lista de unidad que busca destronar a JxC en la Capital
La oposición peronista logró lo que hasta hace poco parecía imposible: una lista de unidad en la Ciudad de Buenos Aires. Con Leandro Santoro a la cabeza, el justicialismo porteño consolidó un armado que incluye a La Cámpora, el axelismo, los movimientos sociales y sectores sindicales. En un distrito históricamente dominado por el macrismo, el peronismo apuesta a un resultado histórico que ponga fin a décadas de hegemonía conservadora.
La apuesta peronista: entre la unidad y la resistencia
En una coyuntura marcada por la crisis económica y el avance de la ultraderecha, el peronismo porteño se propuso unificar fuerzas para dar batalla en un territorio adverso. La lista de unidad encabezada por Santoro es el resultado de un delicado equilibrio entre los diferentes sectores que integran el espacio opositor. El cierre de listas en la Ciudad de Buenos Aires, a diferencia de la fragmentación en la Provincia, muestra que la necesidad de una oposición sólida es más fuerte que las diferencias internas.
El armado incluye a figuras clave del espectro político opositor: el Partido Justicialista porteño, La Cámpora, el ala sindical vinculada a la CGT, los movimientos sociales liderados por Juan Grabois y un sector académico representado por la UBA. La inclusión de Claudia Negri, vicedecana de la Facultad de Medicina, marca una estrategia clara: sumar respaldos en sectores que han sido duramente golpeados por las políticas de ajuste de Javier Milei.
Sin embargo, la apuesta no está exenta de tensiones. La distribución de los lugares en la boleta fue un campo de disputa feroz. El tercer puesto quedó para Federico Mochi, de la Juventud Peronista, mientras que el cuarto lo ocupa Mariana González, del espacio de Grabois. La Cámpora, que en elecciones anteriores había conseguido cuatro lugares, esta vez solo aseguró dos entre los primeros diez candidatos.
Un escenario electoral desafiante
Las encuestas indican que el peronismo podría alcanzar entre 25 y 30 puntos en la elección, lo que le otorgaría entre 8 y 10 bancas en la Legislatura porteña. Esto representaría un avance significativo en un distrito donde el PRO y sus aliados han gobernado sin sobresaltos desde 2007. Santoro, quien en elecciones anteriores ya había demostrado ser una figura competitiva, aparece como la mejor carta para desafiar al macrismo en su bastión histórico.
El desgaste del PRO, sumado al impacto de las políticas de Milei en la economía y la vida cotidiana de los porteños, abre una ventana de oportunidad para la oposición. La gestión de Jorge Macri en la Ciudad se enfrenta a un malestar creciente, especialmente entre los sectores medios afectados por el deterioro de los servicios públicos, el incremento de tarifas y la crisis habitacional. En este contexto, el peronismo intenta posicionarse como una alternativa viable.
El factor Milei: una espada de doble filo para el PRO
El ascenso de Javier Milei y su discurso antisistema han reconfigurado el escenario político. Mientras el gobierno libertario profundiza su agenda de ajuste y privatizaciones, la relación entre el PRO y La Libertad Avanza se vuelve cada vez más tensa. En la Ciudad, el electorado que en 2023 apostó por el libertario empieza a dividirse entre quienes se mantienen fieles a su proyecto y quienes, desencantados por la brutalidad de sus medidas, buscan una alternativa.
Este contexto podría beneficiar al peronismo. La unión de sus diferentes sectores y una campaña enfocada en las consecuencias del ajuste podrían capturar una porción del voto desencantado. El desafío de Santoro y su equipo será transformar esa bronca en un respaldo electoral concreto.
Unidad en la Ciudad, fragmentación en la Provinci
Paradójicamente, mientras el peronismo porteño logra cerrar filas, en la Provincia de Buenos Aires el panorama es completamente distinto. La fragmentación y las disputas internas han complicado el armado de listas, debilitando la posición del justicialismo en un territorio clave. Mientras Axel Kicillof intenta sostener su liderazgo, las tensiones entre La Cámpora, el massismo y otros sectores dificultan la estrategia electoral.
Este contraste pone en evidencia que, lejos de estar acabado, el peronismo sigue siendo un actor clave en la política argentina, pero enfrenta desafíos estructurales que amenazan su capacidad de consolidación. La elección en la Ciudad será un test para medir si la estrategia de unidad puede traducirse en votos y si Santoro logrará consolidarse como un líder de proyección nacional dentro del espacio opositor.
¿El principio del fin para la hegemonía del PRO?
El cierre de listas en la Ciudad de Buenos Aires marca un hito en la estrategia opositora. Por primera vez en mucho tiempo, el peronismo se muestra unido en un distrito que le ha sido esquivo. La elección de Santoro como cabeza de lista es una jugada que busca canalizar el descontento social y desafiar la estructura de poder del macrismo.
Pero la unidad por sí sola no alcanza. El verdadero desafío estará en la capacidad del peronismo para conectar con un electorado que, si bien muestra signos de malestar, sigue siendo reticente a votar por una alternativa progresista en la Ciudad.
El PRO, debilitado por la gestión de Milei y sus propias contradicciones, enfrenta su elección más difícil en años. El peronismo tiene la oportunidad de cambiar el mapa político de la Capital. Pero para lograrlo, no solo necesita una buena estrategia electoral, sino también un discurso convincente que logre romper la barrera del rechazo histórico que ha enfrentado en la Ciudad.
La batalla está en marcha y el resultado será clave para el futuro de la oposición en Argentina.
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