La cuestión de la soberanía sobre las Islas Malvinas es un tema recurrente en la política exterior argentina y un punto de fricción con el Reino Unido. Mientras Londres insiste en la «libre determinación» de los habitantes de las islas, la realidad histórica y jurídica demuestra que este argumento es una falacia destinada a perpetuar el colonialismo británico en el Atlántico Sur.
Como señala Daniel Filmus, investigador del CONICET y ex ministro de Ciencia, Tecnología y Educación de la Nación, la libre determinación es un principio del derecho internacional aplicable a pueblos sometidos a dominación colonial, pero la población de las Islas Malvinas no cumple con este criterio. El Reino Unido implantó a sus habitantes en el territorio tras la usurpación de 1833, expulsando a las autoridades argentinas y estableciendo una administración propia.
Las Naciones Unidas han sido categóricas en este sentido. La Resolución 2065 de la Asamblea General, adoptada en 1965, reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido e instó a ambas partes a negociar una solución pacífica. Desde entonces, múltiples resoluciones reafirmaron este mandato, dejando en claro que la única vía legítima para resolver el conflicto es el diálogo bilateral y no la imposición unilateral británica bajo el pretexto de la autodeterminación de los isleños.
A pesar de ello, Londres ha hecho oídos sordos a la comunidad internacional. Con una actitud colonialista propia del siglo XIX, el Reino Unido se niega a entablar negociaciones, amparado en su poder militar y en la complicidad de potencias occidentales que miran para otro lado. Este rechazo al diálogo no solo viola las resoluciones de la ONU, sino que también deja en evidencia el doble estándar británico en materia de descolonización. Mientras exige respeto por la autodeterminación en otros conflictos, lo niega sistemáticamente cuando sus intereses geopolíticos están en juego.
El gobierno argentino ha mantenido una postura firme en los foros internacionales, denunciando la ocupación británica y reclamando la reanudación de las negociaciones. Sin embargo, en el contexto actual, con un gobierno como el de Javier Milei, alineado incondicionalmente con Estados Unidos y el Reino Unido, el reclamo de soberanía sobre Malvinas corre el riesgo de quedar relegado o, peor aún, ser objeto de concesiones diplomáticas que debiliten la posición argentina.
La lucha por la soberanía sobre las Islas Malvinas es una causa histórica que trasciende gobiernos y coyunturas políticas. La Argentina debe sostener con firmeza su reclamo y continuar la batalla diplomática en todos los frentes posibles, exigiendo el cumplimiento de las resoluciones internacionales y denunciando la hipocresía británica. Mientras exista colonialismo, la soberanía seguirá siendo una deuda pendiente de la humanidad.
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