El negociador fantasma: El enviado de Milei para tratar con los gremios huyó a Punta del Este y dejó en el aire las paritarias de Aerolíneas

El escándalo que desnudó la hipocresía del «ajuste»: el funcionario clave en la negociación salarial de Aerolíneas Argentinas viajó en Primera Clase con su familia mientras los gremios esperaban respuestas.

La doctrina de la austeridad de Javier Milei parece ser, una vez más, un recurso discursivo más que una práctica efectiva. Mientras el Gobierno exige sacrificios y ajuste a trabajadores y empresas estatales, uno de sus funcionarios clave, Facundo Diego Del Villar, responsable de la Comunicación y Asuntos Institucionales de Aerolíneas Argentinas y principal interlocutor con los sindicatos aeronáuticos, decidió tomarse unas exclusivas vacaciones en Punta del Este, viajando en Primera Clase junto a toda su familia. La noticia, confirmada por fuentes sindicales, desató una ola de indignación entre los trabajadores, que aguardaban la reactivación de la discusión salarial en la aerolínea de bandera.

El 8 de enero, en pleno contexto de tensión y con los gremios esperando retomar las paritarias, Del Villar abordó un vuelo de Aerolíneas Argentinas con destino a Punta del Este. El itinerario de regreso estaba programado para el 19 de enero, pero ante la repercusión del escándalo, trascendió que intentó adelantar su retorno para evitar el repudio generalizado. Sin embargo, el daño ya estaba hecho: el «ajuste para los de abajo, privilegios para los de arriba» quedó nuevamente expuesto.

El ajuste es para los trabajadores, no para la casta libertaria

Desde su asunción, el Gobierno de Milei ha insistido en la necesidad de «reordenar el gasto público» y «terminar con los privilegios de la casta». Sin embargo, los hechos desmienten el relato. La imagen de Del Villar disfrutando de unas vacaciones de lujo en uno de los destinos más exclusivos del continente es un golpe directo a la credibilidad del discurso libertario. La casta que Milei prometió erradicar parece haber encontrado un nuevo hogar en las filas de su propia gestión.

Los gremios aeronáuticos no tardaron en reaccionar. En un comunicado, denunciaron que «una vez más las conducciones de Aerolíneas Argentinas y Optar vulneran la confianza y la buena fe entre las partes, lo que implica llevarnos a un nuevo conflicto». La bronca sindical no es casual: tras un 2024 marcado por conflictos laborales y acuerdos salariales insuficientes, los trabajadores de la aerolínea esperaban retomar la discusión para mejorar sus condiciones salariales. La ausencia de Del Villar fue percibida como una provocación directa y una clara muestra de desprecio hacia los empleados.

Un negociador que se borra cuando hay que negociar

No es la primera vez que la gestión de Milei exhibe una total falta de respeto hacia los trabajadores. Pero el caso de Del Villar es particularmente grave: el funcionario, que debería haber estado sentado en la mesa de negociaciones, optó por el sol y la arena de Punta del Este. La imagen de los sindicalistas aguardando respuestas mientras el negociador designado por el Gobierno disfrutaba de un descanso de lujo no hace más que aumentar la sensación de que el ajuste es solo para los que menos tienen.

El malestar en el sector aeronáutico es creciente. Pablo Biró, titular de APLA (Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas), dejó clara su postura: «Los empleados merecen un salario acorde al esfuerzo realizado, más aún considerando el desempeño récord de la empresa». Aerolíneas Argentinas ha mostrado una recuperación significativa en sus operaciones, pero la política gubernamental de desguace y precarización amenaza con desatar un nuevo conflicto que podría derivar en medidas de fuerza.

El doble discurso de La Libertad Avanza

El episodio de Del Villar es solo la punta del iceberg de una gestión que predica la austeridad mientras sus funcionarios disfrutan de los lujos que tanto critican. La falta de compromiso con la negociación salarial en Aerolíneas Argentinas pone en evidencia la verdadera estrategia del Gobierno: forzar el conflicto, debilitar a los gremios y avanzar en el vaciamiento de la empresa para justificar futuras privatizaciones.

No es casual que el responsable de la comunicación y los asuntos institucionales de la aerolínea de bandera, cuyo rol es precisamente mediar y garantizar el diálogo con los sindicatos, sea el primero en fugarse ante una instancia clave. Su ausencia no solo deja a los trabajadores en una situación de incertidumbre, sino que también expone la falta de seriedad del Gobierno en el manejo de las relaciones laborales.

Un gobierno que se esconde ante los conflictos

La estrategia de Milei parece ser clara: cuando se avecina un conflicto, el Gobierno se borra. Ya ocurrió con los docentes universitarios, a quienes se les negó cualquier tipo de actualización salarial acorde a la inflación; con los trabajadores del sector público, que enfrentan despidos masivos sin explicaciones; y ahora con los empleados de Aerolíneas Argentinas, que ven cómo su interlocutor oficial desaparece cuando más se lo necesita.

La indignación sindical va en aumento, y no es para menos. Mientras los trabajadores esperan respuestas, el «negociador» del Gobierno disfruta de su descanso dorado. La casta libertaria, lejos de haber sido erradicada, se sienta ahora en Primera Clase.

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